¿Quién diablos es Pharrell Williams? ¿El guaperas cool y megaenrollado que derrocha belleza y juventud eternas mientras menea el esqueleto al son de la primera audición pública de los temas de su nuevo álbum de estudio y narra con extrema simpatía las anécdotas que rodean a cada una de sus canciones, o el desafiante cuarentón que al día siguiente apenas tiene fuerzas para mantenerse sentado en un sofá y pone cara de quién me mandaría a mí hablar con periodistas? ¿El hedonista bailongo rodeado de bellas chicas ligeras de ropa que canta con sorna junto a su colega Robin Thicke el estribillo de Blurred lines, tachada de sexista por frases como “eres la zorra más caliente de este sitio”, o el hombre con cara de circunstancia que meses después de aquel polémico éxito musical del verano entona un discurso a favor de los derechos de las mujeres ante un centenar de cronistas internacionales convocados para conocer su última creación en solitario? ¿Ángel o demonio? ¿Seductor nato o pasota incorregible? Seguirle la pista durante veinticuatro horas permite ver algunas de las más extremas mil y una caras del rey Midas del pop contemporáneo. Porque si hay algo fuera de toda duda es que Pharrell Williams es el hombre del momento en el negocio global de la música. El pasado verano puso a medio mundo a danzar al son del ya citado pelotazo Blurred lines que orquestó para Robin Thicke, y al otro medio, al ritmo del megahit Get lucky, coproducido con la leyenda guitarrera del funk Nile Rodgers para el sonado regreso discográfico de los robóticos Daft Punk y en el que brilla su cotizada y sedosa voz al servicio de la causa. El valedor de estos dos grandes himnos mainstream, que le han reportado el reciente Grammy al mejor productor de 2013, reconoce hoy que aquellos éxitos tuvieron mucho que ver con la posterior llamada que recibió a finales del año pasado desde el mismo sello con el que Daft Punk había firmado su último disco. Y así fue como Columbia, filial de Sony, le propuso volver a encerrarse en un estudio. Pero en esta ocasión para concebir un long play exclusivamente suyo, suceso que no tenía lugar desde hace casi ocho años. La cifra del fichaje-estrella, como contará Williams a este periodista, “es algo que sí podría saberse, aunque probablemente se trate de un asunto insignificante; hace años habría dicho ‘¡oh, sí!’, pero eso no es lo importante para mí ahora mismo. Dejémoslo en que han sido muy generosos…”.